lunes, 21 de mayo de 2012

jueves, 17 de mayo de 2012

domingo, 6 de mayo de 2012

AGRADEZCO A TODOS LOS QUE SE ACERCARON AL STAND DE DUNKEN EL DIA SABADO 5 DE MAYO DE 2012 PARA LA PRESENTACION DE MI NUEVO LIBRO::
RELATOS QUE NO DEBERIAN SER CIERTOS

jueves, 3 de febrero de 2011

Instinto maternal

Enfed Berger

INSTINTO MATERNAL

Nilda, la menor de seis hermanos vivía con su madre en una casilla con techo de chapa y paredes de cartón y madera. El piso de tierra era polvo que lo cubría todo en tiempo seco y barro cuando la lluvia se colaba por las chapas. Los días de verano era imposible permanecer adentro, el calor era infernal. De noche se aguantaba porque no había más remedio. Los inviernos eran muy duros pero durante el día cada uno estaba afuera tratando de sobrevivir a su manera. A veces juntando cartón y botellas para vender. Cuando a la noche había sopa la calentaban en un fogoncito en el medio de la pieza y la noche fría se hacia soportable.
Otras veces no había sopa y la reemplazaban por una jarra llena de vino tinto ordinario. Doña María, su madre, una anciana de cuarenta años, decía que eso les sacaba el hambre y el frío, pero no era cierto. Su sabor áspero y amargo la hacía sacudirse, y eso que la obligaban a tomarlo casi desde la cuna. Lo que si era cierto es que con el estómago vacío le producía un sopor que le ayudaba a aguantar.
A los doce años conoció el sexo aunque no lo entendió muy bien. De noche en la pieza, la oscuridad era total y juntaban todos los colchones en el piso para que alcanzaran. Una noche sintió un cuerpo que la aplastaba y un aliento a vino diez veces más fuerte que el de ella tenía. Luego vendría un fuerte dolor como mil aguijones que nacía en su vientre y le recorría todo el cuerpo. Cuando le contó a su madre al día siguiente lo que su padrastro de turno le hizo, solo recibió un cachetazo que le hizo sangrar la boca igual que su vagina, nunca supo por que, pero entendió que debía callar.
Tras ese padrastro vinieron otros y algún medio hermano. Cuando dejó de luchar no sintió tanto dolor.
Podían poseer su cuerpo, pero su mente estaba en otro lugar.
Un día volviendo de cartonear, la madre estaba haciendo un guiso con mucha carne, tal vez lo que se comía en una semana. Estaba allí un hombre que le doblaba sus quince años y que ella había visto muchas veces. En un momento la madre le dijo: - Ahora te vas a ir con el Alberto a vivir a su casa y vos vas a hacer todo lo que te diga. Aunque no sepas leer, que no te hace falta vas a ser su mujer.- La despidió con un abrazo y siguieron comiendo. Años después seguía con la sensación que la había vendido por un kilo de carne pero en realidad fue uno de los pocos actos de amor de su madre.
En la villa estaba condenada a ser ladrona o prostituta o ambas cosas, agregado a la droga y las enfermedades. Ese muchacho era albañil y había recibido de su tío un lote con una casita precaria sin revocar, pero tenía agua de pozo, piso de cemento y estaba enganchado a la línea eléctrica. Hasta tenía un terrenito propio que lo rodeaba. Todo eso y un marido que solo se emborrachaba los fines de semana era lo mejor a lo que podía aspirar.
Pasaron algunos años y no le faltó techo ni comida y solo a veces le pegaba, cuando intentaba salir aunque sea a hacer las compras o la descubría con una vecina que le enseñaba a leer.
Lo que tenía su marido eran unos celos enfermizos que podían llegar a lo peor. Su casa era su solitaria cárcel pero había pasado por peores situaciones.
Un día su Alberto no volvió. Al día siguiente fue a la última obra donde trabajó y se enteró. En una discusión con un compañero terminó matándolo. La gente pobre que delinque si va a la cárcel y por los próximos diez años por lo menos, no saldría.
Nilda necesitaba plata para vivir y consiguió trabajo como sirvienta y hasta aprendió a leer.
Conoció a un muchacho de su edad, dieciocho para entonces que para tener sexo con ella no la emborrachaba ni la tiraba al piso para violarla. Le regalaba flores y le decía cosas lindas al oído. Salían a pasear luego de sus trabajos y se tomaban de la mano. Una noche de luna llena el sexo tuvo para ella otro significado, el verdadero. No era sinónimo de dolor, ni siquiera la ausencia de dolor, era el amor llevado hasta la cumbre en una de sus mejores manifestaciones. Su cuerpo y su mente volvieron a ser uno solo.
Fueron a vivir juntos a la casa de el y tuvieron un hijo que amamantó y crió, que se enfermó y luego sanó haciéndola conocer un dolor que no viene de su cuerpo y una alegría que nunca conoció. De repente una noche despertó y ya despierta volvió a hacerlo, de un sueño mucho más largo y profundo. Fue hasta la cuna de su bebé, lo acarició y lloró hasta el amanecer. Cuando salió el sol supo lo que tenía que hacer.
Habló un largo rato con su marido. Juntos y con su bebé en brazos fueron a la policía y hablaron con el comisario. Le tomó la denuncia y habló con el fiscal que investigó la causa de su anterior pareja. Al día siguiente fueron hasta la casita precaria donde había vivido y excavaron hasta sacar a la luz lo que allí estaba enterrado. El equipo forense colocó sobre mantas los restos óseos de los tres recién nacidos. Cuando vio lo que quedaba de sus hijos se arrodilló frente a ellos y con la frente en tierra lloró y les pidió perdón.
El fiscal y el comisario que creían haberlo visto todo en su trabajo se conmovieron hasta las lágrimas.
Su pareja anterior al que la gente apodó el chacal, la quería solo para el y cada vez que paría, el mismo la asistía para matar la criatura y enterrarla, cuando ella se reponía, todo había pasado.
Durante tres años ella borró de su mente lo que había sucedido, tal vez sin comprenderlo del todo. Cuando el fiscal le preguntó porqué recién ahora hablaba, dijo:
-Cuando concebí esas criaturas y las parí solo lo hice para cumplir con lo que me pedía mi pareja, no me di cuenta de lo que eran en realidad. Después de enamorarme de un hombre y criar un hijo de mi vientre comprendí que era parte de mí y el horrendo crimen que había permitido hacer. Fui madre y dejé que mataran a mis hijos.
Solo supe lo que significa ser madre, cuando amamante a mi criatura y la vi a los ojos.
Tal vez la justicia me perdone y hasta Dios se apiade de mi pero no me alcanzará mi vida para que yo me perdone.-
Finalmente su cuerpo su mente y su alma fueron uno solo.

viernes, 30 de julio de 2010

Esto no es ciencia, esto no es ficción. Esto es:

UNA INTERPRETACION GEOMETRICA DEL PRIMER NUMERO CUANTICO


Cuando pudo interpretarse la distribución de los electrones alrededor del núcleo, algunas de las cuestiones que pudieron establecerse fueron las siguientes:

1) Existe un electrón por cada protón en todo átomo que no esté ionizado.
2) En los dos primeros elementos, tomando en cuenta su número atómico, los electrones sea uno para el hidrógeno y dos en el helio, giran alrededor del núcleo a una similar distancia del núcleo y lo más distanciados entre si.
3) Cuando pasamos al litio, que cuenta con tres protones y tres electrones, se observó que dos giraban en esa órbita que llamaremos capa y el tercero en una capa superior más alejada del núcleo.
4) A medida que se ascendía en el número atómico pudo establecerse que la primera capa (número cuántico n), podía albergar dos electrones, la segunda capa ocho electrones, la tercera dieciocho, la cuarta treinta y dos, la quinta cincuenta, la sexta setenta y dos y la séptima noventa y ocho.

La manera en que se completan las capas con electrones no es tan lineal como su número atómico y depende de niveles de energía y otros números cuánticos como el orbital, la inclinación magnética y el espín, que no se verá en esta parte.
Lo que se estableció fue la fórmula que responde al crecimiento del número de electrones por capa y es la de número de capa al cuadrado multiplicado por dos. Expuesto así da la sensación que aunque exacto parece un capricho de la naturaleza, aunque existe un hilo conductor para ello, que nos permite visualizarlo mejor.
Utilizando la nomenclatura corriente tenemos:

NUMERO CUANTICO VALORES PERMITIDOS

CAPA K L M N O
NUMERO 1 2 3 4 5
ELECTRONES 2 8 18 32 50


Si calculamos la raíz cuadrada de los números de electrones permitidos en cada capa, observamos que de una capa a otra crece en exactamente la raíz cuadrada de dos.
Esto nos dice que si visualizamos la primera capa como unidad y lo tomamos como el tamaño de los catetos de un triángulo rectángulo, su hipotenusa nos daría raíz de dos.


N CAPA ELECTRONES RAIZ CUADRADA INCREMENTO

K 1 2 1,4142
L 2 8 2,8284 1,4142
M 3 18 4,2426 1,4142
N 4 32 5,6568 1,4142
O 5 50 7,0711 1,4142

Esto nos lleva al teorema de Pitágoras que dice que “la suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo es igual al cuadrado de la hipotenusa”.
Inversamente, al crecer en una raíz de de dos la hipotenusa, de los catetos tenemos dos al cuadrado en ambos, es decir ocho en total.
Es decir que el número de electrones permitidos en cada capa crece exactamente por cada capa en una unidad, completando así los cuadrados de ambos catetos.






























La figura de los dos cuadrados unidos por un vértice y completados con los electrones de la capa de valencia podrían simbolizar gráficamente los átomos según su número. Falta todavía la cuestión de simbolizar sobre esta base los otros números cuánticos en su orden correcto, para completarla.

Existe otro orden subyacente en el número de electrones permitido en cada capa.
Si tomamos la distancia al núcleo de la primera capa como uno, tendremos a dos electrones compartiendo la superficie de una esfera, como tradicionalmente se los representa. La fórmula de la superficie es la de cuatro por la constante pi por el radio al cuadrado.

Superficie esfera: 4 π x r² = 4 x 3,14159 x 1² = 12.5663706

Significa que si dos electrones pueden compartirla, uno dispone de una superficie de 6,28318531, tomando la escala uno sin tener en cuenta las medidas reales.
Si partimos del supuesto que a la próxima capa, el radio que se añade es de uno y así sucesivamente, tendremos que:

4 π Radio 4 π * r² Electrones 4 π * r²/ e­

12,5663706 1 12,5664 2 6,28318531
12,5663706 2 50,2655 8 6,28318531
12,5663706 3 113,0973 18 6,28318531
12,5663706 4 201,0619 32 6,28318531
12,5663706 5 314,1593 50 6,28318531
12,5663706 6 452,3893 72 6,28318531
12,5663706 7 615,7522 98 6,28318531

Es decir que si la distancia de una capa a la otra es siempre la misma, la superficie que “necesita” cada electrón es siempre la misma. Ello explica la cantidad de electrones permitidos en cada capa.
Lo mismo se interpretaría si lo vemos desde el punto de vista de valores energéticos soportados por la virtual superficie de cada capa.
Existe una proporcionalidad directa entre el crecimiento de la superficie de una esfera y el crecimiento de la raíz cuadrada de dos multiplicada por el radio y todo elevado al cuadrado (√ 2 . r) ². Esto es el cuadrado de la hipotenusa. El coeficiente de este resultado por el anterior, es decir con el radio anterior y multiplicado por la superficie de la esfera nos dará su nueva superficie, de la misma forma que si lo calculamos con la fórmula de la misma para este nuevo radio.

Radio Superficie Hipotenusa Coef. de Δ Superf. * Δ
R 4.π.r² (√2.r)²


1 12,5664 2,00
2 50,2655 8,00 4,0000 50,2655
3 113,0973 18,00 2,2500 113,0973
4 201,0619 32,00 1,7778 201,0619
5 314,1592 50,00 1,5625 314,1593
6 452,3893 72,00 1,4400 452,3893
7 615,7522 98,00 1,3611 615,7522






Es decir que existe una relación directa entre el crecimiento de la superficie de una esfera, como la que describe un electrón y el cuadrado de una hipotenusa si reemplazamos radio por lado de un triángulo rectángulo.
Esto resulta así aunque utilicemos decimales entre radios enteros.
Si la operación que hacemos es la contraria, es decir, obtener el cuadrado de la hipotenusa partiendo del crecimiento del radio debemos restringirnos a los números enteros, ya que representamos objetos reales como el electrón, que no podemos fraccionar.
Por alguna razón que desconozco, el electrón parece saber que no puede continuar incrementando el radio sino al doble si quiere completar una cuadrícula entera en la hipotenusa.